Cuando el cuerpo también participa
Cómo utilizar el movimiento para reconocer, modificar, reforzar o integrar ideas y estados internos
Hay cosas que comprendemos perfectamente con la cabeza y, sin embargo, tardamos mucho más en incorporar a nuestra forma de actuar. Podemos saber que necesitamos mantener la calma, confiar más en nosotros mismos o dejar de anticipar constantemente lo que puede salir mal. Lo entendemos, incluso somos capaces de explicarlo, pero cuando llega el momento concreto el cuerpo parece responder desde otro lugar.
Muchas veces, comprender una idea no significa haberla integrado.
En los artículos anteriores hemos ido recorriendo este camino de forma progresiva. Primero reconocimos si nuestro organismo se encuentra predominantemente en protección o apertura. Después utilizamos respiración, atención al corazón y recuperación de una cualidad sentida para favorecer un estado diferente.
Y ahora avanzamos con una nueva posibilidad: ¿qué ocurre cuando hacemos participar directamente al cuerpo? No únicamente respirando o prestándole atención, sino moviéndonos.
Una idea no se experimenta igual cuando participa el cuerpo
Seguramente has vivido esta diferencia muchas veces.
Una sensación de calma puede reflejarse en una respiración más amplia y un movimiento menos acelerado. La apertura puede aparecer en una postura menos cerrada o en un gesto más libre.
Cuando hacemos que una idea o un estado interno también se exprese en el cuerpo, deja de ser solamente algo que pensamos. Empieza a formar parte de cómo respiramos, cómo nos movemos y cómo nos sentimos mientras lo hacemos.
No solo pensamos esa experiencia: empezamos también a vivirla con el cuerpo.
Podemos ampliar esta relación a otras experiencias más allá de un estado o una emoción puntual. También están nuestras creencias: aquellas ideas que hemos ido aceptando sobre nosotros mismos, nuestras capacidades o la forma en que esperamos que sucedan las cosas. Una creencia como «esto no es para mí», o, en sentido contrario, «soy capaz de afrontarlo» puede formar parte de la disposición con la que entramos en una experiencia y, desde ahí, participar también en nuestra forma de actuar y movernos.
No significa que cada creencia tenga una postura corporal determinada, ni que cualquier pensamiento se convierta en realidad por acompañarlo de movimiento. La idea es mucho más sencilla: cuando el cuerpo participa, añadimos sensaciones, respiración y movimiento a una experiencia que hasta entonces podía estar ocurriendo principalmente en el plano mental.
Desde el Entrenamiento Cuántico nos interesa precisamente esa posibilidad: permitir que una intención, una cualidad, una emoción o una idea encuentre también una expresión corporal.
Cómo el estado se expresa en el movimiento
Hay días en los que basta observar cómo caminas para reconocer algo de lo que está ocurriendo dentro. Cuando vas con prisa, el paso cambia. Cuando estás cansado, el movimiento pierde energía. Y cuando te sientes seguro, ligero o especialmente centrado, también suele aparecer alguna expresión corporal diferente.
No necesitamos convertir cada gesto en un diagnóstico. Pero sí podemos reconocer algo bastante evidente: nuestro estado interno influye en nuestra forma de movernos.
También hemos lo hemos experimentado en nuestro deporte. Puedes salir a correr después de un día cargado de obligaciones y descubrir que durante los primeros minutos corres como vienes viviendo: respiración más corta, hombros tensos, paso acelerado y la cabeza todavía ocupada en lo siguiente. O puedes realizar una serie de abdominales pensando únicamente en completar veinte repeticiones, hasta convertir el ejercicio en una sucesión mecánica donde apenas percibes cómo respiras, qué musculatura estás utilizando o cómo se está organizando realmente el movimiento.
El ejercicio es el mismo. Lo que cambia es desde dónde lo estás haciendo.
Desde aquí surge otra pregunta muy interesante: ¿Puede funcionar también en la dirección contraria?
Si el estado modifica nuestra forma de movernos, ¿qué ocurre cuando modificamos conscientemente algunos elementos del movimiento?
Esta respuesta requiere prudencia. No existe una postura mágica que produzca automáticamente confianza ni un modo de caminar que elimine una preocupación. Sin embargo, investigaciones sobre retroalimentación postural sugieren que modificar determinados componentes corporales puede influir sobre la experiencia subjetiva y el estado afectivo, aunque los efectos pueden ser sutiles y variar entre personas.[1]
Cambiar conscientemente tu movimiento también puede influir en cómo te sientes.
Una reflexión sobre lo que estamos explicando
¿Has visto caminar a Liam Gallagher al entrar en un escenario? ¿De qué forma percibes su expresión del movimiento?
Y ese día en que te levantas bajo de moral… ¿has probado a bailar una de esas canciones que sabes que te cambian el gesto? Quizá no resuelvas el problema con una coreografía el problema. Pero sí podemos hacernos una pregunta: ¿Qué ocurre dentro cuando empiezo a moverme de otra manera?
Es posible que no cambie nada. Quizá aparezca solamente una pequeña sensación de amplitud. O a lo mejor descubres que modificar la forma de caminar ha empezado a modificar también la manera en que estabas viviendo aquello que te preocupaba.
¡No anticipes! Es fácil caer en la trampa de decidir de antemano cuál debe ser el resultado. Lo más interesante es descubrir que la relación entre movimiento y estado interno puede funcionar en ambos sentidos.
Cuatro formas de utilizar esta relación
A partir de aquí aparece una puesta en práctica especialmente sencilla.
Muchos movimientos habituales están suficientemente automatizados como para no necesitar toda nuestra atención: caminar, correr suavemente, pedalear, nadar o realizar determinados ejercicios de fuerza.
Y ya que vas a estar cuarenta minutos caminando, una hora corriendo o un buen rato pedaleando… ¿por qué no aprovechar algunos minutos para trabajar también con aquello que está ocurriendo dentro?
Desde el Entrenamiento Cuántico podemos utilizar esta relación entre movimiento y experiencia interna con hasta cuatro objetivos diferentes:
reconocer · modificar · reforzar · integrar
No necesitamos utilizarlos todos de la misma manera. A veces simplemente observaremos. Otras veces cambiaremos conscientemente algún aspecto del movimiento y lo mantendremos durante varios ciclos. Y, en otras ocasiones, incorporaremos además una idea o intención concreta. El objetivo determina cómo utilizamos el movimiento.
Reconocer
La primera posibilidad es la más sencilla: no intentes cambiar nada. Durante uno o dos minutos continúa con tu movimiento habitual sin corregirlo. Observa los aspectos que sientas más representativos, pueden ser: respiración, ritmo, tensión y amplitud del movimiento.
Pregúntate: ¿Qué estado estoy expresando ahora mismo a través de mi cuerpo?
Quizá aparezca prisa, cansancio, tensión, dispersión… Quizá descubras que llevas diez minutos corriendo y tu cabeza continúa dentro de la reunión de esta mañana. O quizá reconozcas justo lo contrario: tranquilidad, ligereza, presencia.
Aquí el movimiento funciona simplemente como una forma de reconocer cómo estás.
No hace falta interpretar demasiado ni buscar una respuesta determinada. Primero observa cómo te estás moviendo y deja que esa información te ayude a reconocer desde dónde estás realizando la actividad.
Modificar
Después podemos experimentar en la otra dirección. Si has reconocido precipitación, quizá reduzcas ligeramente el ritmo y amplíes la respiración. Si aparece rigidez, puedes liberar el gesto. Si notas que apenas utilizas los brazos al caminar o correr, puedes permitirles recuperar algo de amplitud.
No existe una combinación correcta. Elige una modificación sencilla y mantenla durante varios ciclos de movimiento y respiración. No cambies continuamente de estrategia. Permite que el cuerpo permanezca durante un tiempo suficiente en esa nueva forma de moverse para poder percibir qué sucede.
Después pregúntate: ¿Qué cambia dentro de mí cuando empiezo a moverme de otra manera?
Esto es modificar. No obligarte a sentir algo determinado, sino utilizar conscientemente el movimiento para explorar si, al cambiar el cuerpo y mantener ese nuevo patrón durante un tiempo, cambia también alguna parte de tu experiencia interna.
Reforzar
Pero no siempre necesitamos modificar nuestro estado. Puede ocurrir que salgas a correr y ya te sientas especialmente enfocado y activado. Que durante una sesión de fuerza aparezca una sensación clara de firmeza. O que caminando reconozcas claridad. En ese caso podemos hacer algo diferente: dar más presencia corporal a una cualidad que ya está ahí.
¿Cómo expresas esa confianza mientras te mueves? ¿Qué ocurre con tu apoyo, tu respiración, tu mirada o la libertad del gesto? No necesitas crearla ni convencerte de que existe. Ya está presente. Identifica cómo se está manifestando corporalmente y, durante varios ciclos, mantén o acentúa ligeramente ese patrón. Conserva la respiración, el apoyo, el ritmo o la amplitud que están acompañando esa sensación.
Incluso puedes nombrarla mientras te sientes en ella -«confianza», «calma», «firmeza»- y continuar moviéndote desde ella, sin necesidad de repetir la palabra constantemente.
¿Cómo puedo dejar que esta cualidad se exprese todavía más mientras me muevo? Eso es reforzar.
Integrar
Y existe una cuarta posibilidad, algo diferente de las anteriores.
Hasta ahora hemos partido principalmente de aquello que ya estaba ocurriendo dentro: lo reconocemos, intentamos modificarlo o aprovechamos para reforzarlo.
Pero ¿qué sucede cuando partimos directamente de la voluntad?
¿Y si eliges conscientemente una idea y la repites una y otra vez mientras te mueves para favorecer su integración?
Aquí entramos en un terreno especialmente interesante. El diálogo que mantenemos con nosotros mismos al entrenar no es indiferente. En un estudio con ciclismo, el entrenamiento con self-talk motivacional generó mejoras en el tiempo hasta el agotamiento y redujo la percepción del esfuerzo en determinados momentos de la prueba.[2]
En otro trabajo, corredores entrenados realizaron una hora de carrera utilizando diferentes tipos de diálogo interno. El grupo expuesto a self-talk negativo mostró valores superiores de percepción del esfuerzo, ventilación, frecuencia respiratoria y cortisol frente a las otras condiciones, mostrando que el contenido del diálogo interno puede acompañarse también de diferencias fisiológicas durante el ejercicio.[3]
Cuidado: Esto no significa que exista una frase mágica ni que repetir una idea un determinado número de veces vaya a transformarla automáticamente en una creencia.
Pero sí plantea una posibilidad. Cuando corres, caminas o pedaleas durante un tiempo, el movimiento adquiere un ritmo repetitivo. Y puedes aprovechar algunos de esos ciclos para asociar deliberadamente una idea al paso, a la respiración o a una fase concreta del gesto.
Por ejemplo:
Cada cuatro pasos repites una especie de mantra «avanzo con confianza»
O relacionarla con la respiración:
Cada dos ciclos de inhalación - exhalación: alternas ese mismo mantra «avanzo» / «con confianza».
En una sesión de fuerza podríamos utilizar de la misma manera determinadas fases del movimiento, las repeticiones o incluso en las pausas entre series.
Lo importante no son los cuatro pasos ni una combinación respiratoria concreta. Lo importante es la repetición voluntaria dentro de una experiencia corporal que ya tiene ritmo y continuidad.
La frase deja de aparecer de manera aislada. Durante unos minutos coinciden alrededor de ella el pensamiento, la atención, la respiración, el esfuerzo, el ritmo y las sensaciones corporales.
¿Puede esta repetición hacer que con el tiempo una idea resulte más familiar y aparezca con mayor facilidad asociada a determinados estados o situaciones?
La investigación sobre self-talk demuestra que el diálogo interno puede modificar aspectos de la experiencia y de la respuesta durante el ejercicio, pero no permite afirmar que este procedimiento concreto «grabe» una idea en el subconsciente. Lo que proponemos desde el Entrenamiento Cuántico es explorar conscientemente esa asociación entre idea, repetición y experiencia corporal.
A esta cuarta posibilidad la llamamos integrar.
Reflexión final
El cuerpo no es únicamente el lugar donde ejecutamos lo que previamente ha decidido la mente. El cuerpo participa en la experiencia.
Nuestros estados y emociones modifican la manera en que respiramos, caminamos, corremos o utilizamos el espacio. Las ideas y creencias desde las que afrontamos una experiencia también pueden formar parte de esa relación. Y, en la otra dirección, podemos explorar cómo determinados cambios conscientes en el movimiento influyen sobre nuestra experiencia interna.
Podemos utilizar esa relación para reconocer, modificar, reforzar o integrar.
Cuando una intención encuentra también una expresión corporal, deja de ser solamente una idea. Empieza a convertirse en experiencia.
Y cuando el movimiento deja de ser únicamente ejecución y empieza a responder conscientemente a lo que ocurre dentro, puede aparecer un diálogo entre percepción, intención y acción.
Dentro del Entrenamiento Cuántico podemos comenzar a llamar Movimiento Orgánico a esta forma de relacionarnos con el movimiento.
No porque exista un movimiento correcto, sino porque empezamos a permitir que aquello que pensamos, sentimos o creemos y aquello que hacemos con el cuerpo formen parte de una misma experiencia.
No me creas, pruébalo en tu cuerpo. El entrenamiento cuántico no se estudia, se vibra. Nos vemos en el movimiento
Notas
[1] Movimiento y estado interno. La investigación sobre retroalimentación postural sugiere que determinadas modificaciones corporales pueden tener efectos sobre el estado subjetivo, aunque estos efectos son variables y dependen de cómo cada persona adopta físicamente la postura.
[2] Self-talk y resistencia. Blanchfield y colaboradores observaron que una intervención de dos semanas con self-talk motivacional mejoró el tiempo hasta el agotamiento en ciclismo y redujo la percepción del esfuerzo en comparación con el grupo control.
[3] Self-talk y respuestas fisiológicas durante la carrera. Basset y colaboradores encontraron diferencias entre condiciones de diálogo interno durante una hora de carrera; el self-talk negativo se asoció con mayor percepción del esfuerzo, ventilación, frecuencia respiratoria y cortisol que las otras condiciones estudiadas.
Referencias bibliográficas
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