El corazón como director de orquesta

‍Cómo recuperar una cualidad interna cuando el cuerpo entra en protección

Hay momentos en los que intentamos ordenar lo que nos ocurre únicamente desde el pensamiento. Damos vueltas a una conversación, imaginamos posibles respuestas y buscamos una explicación capaz de devolvernos cierta calma. Sin embargo, cuanto más pensamos, más parece cerrarse el problema sobre sí mismo.

Quizá hayas recibido un mensaje que te incomoda y lo hayas leído varias veces antes de responder. Tal vez una conversación haya terminado, pero continúe activa dentro de ti durante horas. O puede que notes una inquietud difícil de explicar antes de hacer algo que, en realidad, conoces bien.

La mente intenta resolverlo, pero el cuerpo todavía está respondiendo como si necesitara protegerse.

En el artículo anterior observamos que protección y crecimiento pueden entenderse como dos grandes tendencias desde las que el organismo organiza su respuesta. También vimos que el primer paso no consiste en obligarnos a cambiar, sino en reconocer el estado interno desde el que estamos viviendo una situación.

Ahora podemos avanzar un poco más.

Una vez reconocida la contracción, la urgencia o la tensión, ¿podemos ofrecer al organismo una referencia diferente? ¿Existe alguna forma de recuperar un estado que no sea imaginado ni impuesto, sino que ya haya sido vivido por el cuerpo?

El corazón puede convertirse en un buen lugar para comenzar.

El corazón como punto de sintonización

El corazón no funciona separado del cerebro ni del resto del cuerpo. Mantiene una comunicación constante con el sistema nervioso y participa en la forma en que el organismo responde a lo que ocurre.[1]

Esto no significa que el corazón piense como el cerebro ni que dirija por sí solo nuestra experiencia. La expresión «director de orquesta» debe entenderse como una imagen: puede convertirse en un punto desde el que reunir procesos que, en determinados momentos, parecen avanzar por separado.

Respiración, atención, percepción corporal, emoción e intención se influyen mutuamente.

Cuando aparece una situación de tensión, la respiración cambia, el ritmo del corazón se modifica y la atención se concentra alrededor de aquello que interpretamos como una amenaza. El pensamiento empieza entonces a desarrollarse dentro de ese mismo estado.

Por eso, a veces resulta tan difícil calmarnos simplemente diciéndonos que no pasa nada.

El cuerpo todavía no ha recibido esa información.

Qué entendemos por coherencia

La coherencia cardíaca puede explicarse de forma sencilla como un estado de mayor coordinación entre la respiración, el ritmo cardíaco y la regulación del organismo.[2]

No significa que el corazón deba latir siempre igual. Un organismo sano no es rígido: tiene capacidad para variar, adaptarse y responder a cada situación.

Cuando respiramos de forma lenta y regular, diferentes procesos corporales pueden comenzar a ordenarse entre sí.[3] Esto no elimina el problema ni convierte la práctica en una solución automática. Lo que puede cambiar es el estado desde el que entramos en la experiencia.

El conflicto puede seguir existiendo. La conversación pendiente continúa esperando. El mensaje que nos incomodó no ha cambiado. Pero quizá ya no nos relacionemos con todo ello exactamente desde el mismo lugar.

Desde la perspectiva del Entrenamiento Cuántico, la coherencia no consiste únicamente en reducir la tensión. Supone favorecer que mente, respiración, cuerpo e intención dejen de avanzar en direcciones distintas.

El corazón puede convertirse entonces en un punto de sintonización.

Llevar la atención al pecho

Cuando diriges la atención al centro del pecho, desplazas durante unos instantes el foco desde la repetición mental hacia una sensación corporal interna.

Puede aparecer presión, aceleración, vacío, dureza, amplitud o una respiración que apenas alcanza esa zona. No necesitas interpretar inmediatamente lo que sientes.

Primero, simplemente lo reconoces; después introduces una respiración más lenta; y, por último, recuperas una experiencia interna diferente.

Ahí comienza la práctica que proponemos en este artículo.

Recuperar una cualidad sentida

La técnica Quick Coherence, difundida por el HeartMath Institute, combina tres elementos sencillos:

  • llevar la atención a la zona del corazón;

  • imaginar que la respiración entra y sale a través del pecho;

  • evocar de forma sincera una sensación regenerativa, como aprecio, cuidado o gratitud.[4]

La propuesta resulta interesante porque no se limita a respirar para relajarse. Añade una experiencia emocional concreta.

Desde el Entrenamiento Cuántico podemos llevarla un poco más lejos.

No se trata de elegir una palabra positiva e intentar convencernos de que la sentimos. Tampoco de fabricar una emoción agradable para sustituir otra que consideramos incorrecta. La propuesta consiste en recuperar una cualidad que tu organismo ya conoce porque la has vivido. Puede ser serenidad, confianza, seguridad, firmeza, gratitud, claridad o cuidado.

La diferencia es importante. No imaginas cómo sería sentir confianza, si no que recuerdas un momento en el que la confianza estuvo realmente presente. No te repites que estás en calma, recuperas una escena en la que tu cuerpo conoció esa calma.

No estás creando una experiencia desde cero. Estás volviendo a una referencia que ya existe en ti.

Un resumen de lo que estamos explicando

Cuando estás en modo protección, la atención se organiza alrededor de aquello que amenaza, preocupa o exige una respuesta. La respiración cambia, el cuerpo se prepara y el pensamiento busca argumentos que confirmen el estado en el que ya se encuentra.

En ese momento, decirte «tranquilízate» puede tener poca utilidad.

La práctica introduce otro recorrido. Primero reconoces el estado de protección. Después llevas la atención al pecho y haces más lenta la respiración. Finalmente, recuperas una experiencia en la que sentiste de verdad una cualidad que ahora necesitas.

No estás borrando la preocupación.

Estás recordando corporalmente que esa no es la única forma de estar disponible dentro de ti.

Míralo también así: cuando cada instrumento toca un ritmo diferente, la experiencia se vuelve ruidosa. La atención al corazón no silencia la orquesta, pero puede ofrecer un punto desde el que respiración, cuerpo, recuerdo e intención comiencen a encontrar un ritmo común.

Propuesta práctica: recuperar una cualidad caminando

Busca un lugar en el que puedas caminar durante unos minutos sin tener que prestar demasiada atención al tráfico, a los cruces o a otros obstáculos. No necesitas estar en plena naturaleza. Puede ser una calle tranquila, un parque, un pasillo amplio o cualquier recorrido que te permita disminuir el ritmo.

Antes de comenzar, reconoce tu estado.

Pregúntate:

¿Estoy en protección o existe algo de apertura en mí ahora mismo?

No intentes responder con una explicación. Observa cómo se expresa en el cuerpo: presión en el pecho, respiración corta, rigidez en la mandíbula, urgencia por resolver algo o necesidad de caminar demasiado rápido.

Empieza a moverte lentamente y permite que los primeros pasos encuentren un ritmo cómodo. Después, lleva la atención al centro del pecho. No necesitas cerrar los ojos mientras caminas. Basta con sentir esa zona y mantener una parte de tu atención allí.

Acompasa ahora la respiración con los pasos. Puedes comenzar inhalando durante cuatro pasos y exhalando durante otros cuatro. Si te resulta cómodo, amplía la exhalación hasta cinco o seis pasos.

Por ejemplo:

Inhala durante cuatro pasos.
Exhala durante seis pasos.

No conviertas la cuenta en una obligación. Si aparece falta de aire, mareo o tensión, vuelve a tu respiración natural. La coordinación debe facilitar el movimiento, no dificultarlo. El movimiento permite mantener la atención a la respiración de forma más automática aunque en la mente aparezcan otros pensamientos.

Después de varios ciclos, recuerda una situación concreta en la que hayas experimentado una cualidad que ahora necesitas recuperar. Puede ser serenidad, confianza, seguridad, firmeza, gratitud, claridad o cuidado.

Deja que esa cualidad acompañe el ritmo de los pasos.

No necesitas repetir su nombre constantemente. Basta con recordar cómo se sentía y observar si encuentra alguna expresión en tu forma de caminar: una postura más estable, menos dureza en los hombros, una respiración más amplia o un apoyo diferente de los pies.

Después de dos o tres minutos, pregúntate algo así como:

¿Qué parte de aquella cualidad está caminando conmigo ahora?

No busques una transformación espectacular. Quizá el problema siga presente y la tensión no haya desaparecido completamente. La práctica consiste en comprobar si puedes volver a la situación desde un estado ligeramente diferente.

No estás caminando para escapar de lo que ocurre, más bien estás utilizando el movimiento para cambiar la forma en que permaneces ante ello.

Reflexión final

El corazón no elimina el estado de protección ni puede evitar que vivamos situaciones difíciles. Tampoco actúa como un interruptor capaz de transformar inmediatamente cualquier emoción.

Puede, sin embargo, convertirse en un lugar de regreso. Un punto desde el que reconocer el cuerpo, ordenar la respiración y recuperar una cualidad que ya forma parte de nuestra experiencia.

La coherencia no consiste en sentir siempre calma. Consiste en disminuir la distancia entre lo que pensamos, lo que sentimos y la forma en que elegimos actuar.

En el primer artículo aprendimos a reconocer el estado interno.

En este damos un paso más: recordamos que, incluso cuando el cuerpo se cierra para protegerse, existen otras formas de estar que no necesitamos inventar.

Ya las hemos vivido. Y quizá el corazón pueda ayudarnos a encontrarlas de nuevo.

Notas

[1] Comunicación entre corazón y cerebro. El corazón y el cerebro mantienen una comunicación continua a través del sistema nervioso autónomo y de señales mecánicas y químicas. La metáfora del «director de orquesta» no implica que el corazón gobierne el organismo de forma aislada.

[2] Coherencia cardíaca. El término se utiliza para describir patrones de mayor coordinación entre la respiración, las variaciones del ritmo cardíaco y la regulación autonómica. No significa que el corazón deba latir de forma uniforme.

[3] Respiración lenta. Respirar lentamente puede favorecer temporalmente la coordinación entre respiración, frecuencia cardíaca y regulación de la presión arterial. La frecuencia más adecuada no es idéntica para todas las personas y no debe forzarse.

[4] Técnica Quick Coherence. HeartMath propone llevar la atención al área del corazón, respirar algo más lenta y profundamente imaginando que la respiración atraviesa el pecho y evocar una sensación de aprecio, cuidado o gratitud.

[5] Adaptación caminando. La coordinación entre respiración y pasos es una adaptación propia del Entrenamiento Cuántico. No forma parte literal del protocolo de HeartMath. Se utiliza aquí para integrar atención, respiración, cualidad interna y movimiento, preparando el trabajo que se desarrollará en el artículo dedicado al Movimiento orgánico.

Referencias bibliográficas

  • HeartMath Institute. Quick Coherence Technique for Adults. Recurso práctico institucional.

  • Lehrer, P. M. y Gevirtz, R. (2014). Heart rate variability biofeedback: How and why does it work? Frontiers in Psychology, 5, 756.

  • McCraty, R. y Zayas, M. A. (2014). Cardiac coherence, self-regulation, autonomic stability, and psychosocial well-being. Frontiers in Psychology, 5, 1090. Artículo vinculado al modelo de coherencia de HeartMath; uno de sus autores pertenece al instituto.

  • Shaffer, F., McCraty, R. y Zerr, C. L. (2014). A healthy heart is not a metronome: An integrative review of the heart’s anatomy and heart rate variability. Frontiers in Psychology, 5, 1040.

  • Shaffer, F. y Meehan, Z. M. (2020). A practical guide to resonance frequency assessment for heart rate variability biofeedback. Frontiers in Neuroscience, 14, 570400.

  • Zaccaro, A., Piarulli, A., Laurino, M., Garbella, E., Menicucci, D., Neri, B. y Gemignani, A. (2018). How breath-control can change your life: A systematic review on psycho-physiological correlates of slow breathing. Frontiers in Human Neuroscience, 12, 353.

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